domingo, 7 de agosto de 2016

El viaje íntimo de la locura

Si nombro a Roberto Iniesta a más de uno le vendrán a la cabeza Puta, Su culo es miel, o Golfa. Pero hoy vamos a dejar de lado estas maravillosas composiciones poéticas-musicales, para llegar hasta un trabajo más literario, su primera y única novela.

El viaje íntimo de la locura (2009) es una narración especial. Así lo he sentido después de su lectura. Si te esperas encontrar algo relacionado con su particular rock, olvídate. Y digo especial porque nada tiene que ver con las letras que el Robe escribía para Extremoduro y para su posterior andadura en solitario.

El protagonista (y durante muuuuuchas páginas único personaje) es don Severino, un anodino notario sumido en la rutina del día a día, en la ataraxia más profunda. Saluda a sus vecinos, va al trabajo al que nunca ha llegado ni un minuto tarde en diecisiete años, conversa con su asistenta, come, estudia, lee, cena, se va a dormir, y vuelta a empezar. Bien, un día toda esta imperturbabilidad personal se desmorona y comienzan a sucederle hechos extraños, que no se sabe muy bien si están en su cabeza o están pasando en la realidad (de ahí el título). Fallos en los suministros eléctricos de su casa atemporal heredada de sus padres, movimientos de tierra inexplicables o la desconfianza en la gente, hacen que el equilibrio de toda su vida se desmorone. Es una historia surrealista: de pronto su casa empieza a elevarse del suelo y está atrapado dentro de ella, navegando los cielos, y su único contacto con la realidad lo tiene a través del agujero de la taza del inodoro. La casa le transporta a diferentes lugares de la tierra, desde El Vaticano, hasta Londres o la selva. Estos viajes y lo que en ellos sucede hacen mundana la historia, atajando problemas reales: religión, política o deforestación, y nos llevan a cuestionarnos el funcionamiento del mundo moderno.

Don Severino ha perdido toda confianza que tenía en el orden de la vida y se ha trasladado a un estado mental más cercano a la locura que a cualquier otra situación. Pero es una locura reflexiva que le hace cuestionarse todo cuanto conocía, a la vez que transporta al lector a la reflexión principal: ¿merece la pena vivir una rutina imperturbable y perderse lo que la vida tiene de importante? El protagonista se da cuenta de que nadie le echa en falta, que no ha dejado huella en su entorno, y llega a la conclusión de que su pulcra existencia no le ha aportado nada en sus cuarenta y cinco años. Porque la vida es ante todo eso, vital. Y él no la había entendido hasta entonces así.No es una obra de acción, tampoco es una historia espectacular, simplemente es un canto a la vida y a los placeres más básicos que esta nos brinda y muchas veces no sabemos apreciar.

Dice el Robe que «no es una novela para leer porque te interesa mucho lo que va a pasar en la página siguiente, sino que es una novela para leer despacio». Tiene toda la razón. Prácticamente no hay nada sucio en esta historia, sino que es un canto a la ternura más primaria del ser humano, a como los sentimientos embargan un cuerpo que parecía no haberlos tenido nunca. La razón de la existencia viene dada por la locura y esto requiere que hagamos una pausa, un ejercicio de asimilación sobre cómo se ha de vivir para no llegar al final sintiendo que no se ha vivido lo suficiente. 

Aparte de don Severino hay unos personajes que pululan por toda la obra; muy de vez en cuando aparecen de manera estelar para dejar también grandes reflexiones sobre la existencia. Son unas lombrices. Sí, unas lombrices de tierra. Este recurso es uno de los que más llaman la atención, ya que son unos seres insignificantes, a los que nadie tiene en cuenta, los que aportan una carga metafísica tremenda. Acercan al lector a una nueva metáfora: muchas veces son aquellos a los que no prestamos atención, los invisibles, los que pueden aportarnos gran sabiduría y sentimiento. Sería algo así como la intrahistoria de la que hablaba Unamuno, la historia de los invisibles, de los que no son reyes, ni presidentes de gobierno, pero forjan y mantienen día tras día la vida real. 

Solamente te recomiendo la lectura de El viaje íntimo de la locura si vas a tener el tiempo suficiente de leerla sin prisas, disfrutando de cada párrafo y tratando de entender que bajo la aparente sencillez de sus líneas hay un rico espectro de metáforas que tratar de entender y asimilar, disfrutando de todo esto que el autor quiere transmitir a través de ellas. 



«Y eso es justo lo que siente al recordar, igual que si fuera la vida de otro o como se recuerda una película, su anterior vida: que no llegó a usarla. Quizá sea por eso por lo que no quiere dejar de usa la que tiene ahora [...]»

martes, 28 de junio de 2016

La leyenda de Tarzán

Buenas y calurosas tardes. En estos días que corren entre sudores, granizados y cañitas bien frías, lo que más me apetece es ir al cine y pegarme allí dos horitas disfrutando del magnifico aire acondicionado que tienen puesto. Tenéis que probarlo, no querréis volver a salir al fuego del asfalto.

Fuera de bromas, y no tan bromas, ir al cine me parece una alternativa de ocio estupenda para quien nos toca chuparnos disfrutar de casi los dos meses de verano íntegros en este asadero esta maravilla de ciudad.

En esta ocasión os quiero hablar de La leyenda de Tarzán (David Yates, 2016). Nos situamos en el contexto de un Tarzán aburguesado (Alexander Skarsgard) en la Inglaterra del XIX. Ha dejado atrás su vida entre lianas y ha tomado posesión de los títulos nobiliarios que le correspondían por dinastía a la vez que ha entrado en el mundo de la política de lleno. De pronto le llega una oferta desde el gobierno belga para que regrese al Congo como embajador, pero no está muy seguro de querer aceptarla, hasta que se ve presionado por un antiesclavista (Samuel L. Jackson) que le pide ayuda para tratar el problema de la explotación de diamantes que se está viviendo allí. A pesar de no querer ir, gracias a la insistencia de su mujer Jane (Margot Robbie), plasmada en la película como valiente y aventurera, accede a regresar a la jungla. La invitación diplomática no es más que una argucia del capitán belga Leon Rom (Cristoph Waltz) para hacerse con los diamantes indígenas.

Cuando llegan a África empieza el festival de efectos especiales. Unos leones que son presentados como sus hermanos le reciben ronroneándole en la cara, no hay escena más tierna en toda la película. Después empieza la acción, su familia selvática está en grave peligro a causa de las atrocidades coloniales; y Jane es raptada por los colonos para conducir a Tarzán a donde ellos necesitan que esté.

La actuación del protagonista peca de hierática, demasiado monótono para el papel que está realizando (otro que encarnaría a la perfección a Batman). Jane mucho mejor, más expresiva y diligente, le da un poco de vidilla al film. Samuel L. Jackson pocas veces defrauda, y por suerte en este caso no lo hace; y Cristoph Waltz ahí está, sin hacer tampoco algo reseñable. El guion parece excesivamente rebuscado, con ansia de ser perfecto, restando naturalidad a los diálogos, y lo que sucede es que llega a ser algo pomposo en ciertos aspectos y momentos.

Lo mejor sin duda son los efectos especiales que te hacen adentrarte en la selva de lleno, viviendo la espectacularidad de la aventura. Lo peor, el estatismo del héroe, que a pesar de intentar aparentar humanidad, se queda escaso en recursos.

Te recomiendo la película si te gusta sentirte como un niño con la aparición de animales salvajes constantemente, y entusiasmarte con la ternura que le proporcionan a la cinta. En mi caso es así, y pese a las malas críticas que se pueden leer acerca de la película, yo salí totalmente fascinada del cine.


No paséis mucho calor, id al cine y sobre todo sed felices.


Intemperie


Hoy traigo un plato fuerte, de esos que te pesan en el estómago durante días, pero en este caso para bien. Se trata de la primera novela del extremeño Jesús Carrasco, Intemperie, que recibió el premio Libro del Año 2013 otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.

El relato es crudo donde los haya. Según el jurado del premio mencionado la historia «adentra al lector, con un estilo sin concesiones, en un universo rural ‒claro protagonista de la historia‒ de tremenda dureza y violencia ancestral en la que los personajes se mueven, rodeados de sequía y miseria, en un tiempo y espacio indefinidos, pero en el que valores universales como la amistad, la solidaridad y la compasión prevalecen».

La historia se vive a través de la impotencia de un niño que ve abocado su futuro a la malignidad de los hombres que le rodean y decide escaparse de su familia y de su pueblo. La sequía azota terriblemente al llano de donde viene y que no parece tener final. En su huida de la brutalidad social se encuentra con un cabrero, que sin pedirle explicación lo acoge en su austera vida a la intemperie. Los dos, acompañados de sus animales, tienen que hacer frente a la partida, encabezada por un siniestro alguacil, que busca al niño en medio de la llanura infinita y abrasadora. La vida de ambos no volverá a ser nunca como la habían conocido, van a ver la barbarie más de cerca que nunca e incluso se van a ver participes de ella.

Los espacios y tiempos no están definidos, tampoco son ofrecidos nombres propios. El autor juega con arquetipos: el niño, el padre, la madre, el alguacil, el cura, el pastor; todos ellos caracterizados por la rabia de la tierra seca y por la ausencia del equilibrio social. A pesar de la falta de información, el aura que crea el autor es plena, la historia está sustentada sobre bases universales que transmiten armonía en el conjunto y que hacen olvidar la necesidad de precisión. Los sucesos y sentimientos son plasmados de una manera tan cruda que desgarran al lector. La naturaleza árida se presenta casi como un personaje más que interviene en los sinos de los protagonistas.

La prosa es impecable; aproximadamente hasta la mitad del libro la aparición de diálogos es casi imperceptible, y aún con el abundante uso descriptivo, Jesús Carrasco consigue una tremenda agilidad. Los términos que aparecen son infinitos en cuanto al lenguaje del campo, términos ya prácticamente olvidados que nos trasladan a lugares casi ancestrales, consiguiendo una atmósfera muy concreta. La narración sugiere constantemente, no ves venir lo qué va a suceder, (poco menos que pasas las páginas con un pelín de miedo) para finalmente recaer en los valores de la solidaridad y la supervivencia.

Te recomiendo la novela si te gusta pasarlo mal cuando estás leyendo, o si quieres estar al tanto de lo que estudiarán tus nietos en el instituto.

Sed felices y muchos besis.

viernes, 17 de junio de 2016

Nuestros amantes


Hoy me paso por aquí para hablar un poco del reciente estreno de la última película del zaragozano Miguel Ángel Lamata (Tensión sexual no resuelta, Isi & Disi, alto voltaje). La crítica no la pintaba muy bien, pero el hecho de que estuviera rodada aquí, en Zaragoza, me hizo decidirme a verla.
Carlos, a sus cuarenta años (Eduardo Noriega, Tesis, Los miércoles no existen), es un frustrado guionista que lleva una vida vacía a pesar de estar casado y tener una hija. Le sorprende un día la irrupción en su vida de Irene, (Michelle Jenner, Juelieta, Tenemos que hablar) una filóloga treintañera, sin trabajo o que trabaja en lo que puede, que le va a devolver las ganas de vivir.

Los dos tienen relaciones a sus espaldas que no han acabado de superar, Carlos sigue atrapado en su matrimonio a pesar de conocer que su mujer (Amaia Salamanca) le está siendo infiel, e Irene, por su parte sigue colgada de su ex (Gabino Diego) un pretencioso poeta que la ha dejado en la estacada por segunda vez.

Los diálogos se hacen algo cansinos anodinos por parte de un encorsetado Noriega, que me ha sorprendido para mal en este largo; si no fuera por la naturalidad de Michelle Jenner, que con la mirada y su sonrisa aporta mucha espontaneidad, la película no se sostendría. De los secundarios, Gabino Diego (¡con todo lo que me gusta a mi este actor!) tampoco hace una interpretación para tirar cohetes; Fele Martinez, que interpreta al socio de Carlos, también guionista, aporta algo de gracia con alguna que otra locura en el guión. La mejor Amaia Salamanca, que se presenta muy natural a pesar de su escasa aparición.

Entonces, ¿qué tiene de especial la película? Zaragoza. Está prácticamente rodada en nuestra ciudad y, sinceramente, sale preciosa. Podemos observar escenarios como la Plaza España, Las Armas, el Parque Grande José Antonio Labordeta, el Coso y la cafetería La Bendita, la calle Alfonso...

Merece la pena ir a verla para ver tan bonita la ciudad, para ver algún que otro diálogo sobre literatura que merece la pena, para disfrutar de Michelle y porque el film te va a sacar alguna que otra sonrisa y bastante ternura. Vas a pasar un rato entretenido.

Por cierto, ¡aviso a navegantes!, en Palafox y Aragonia si tienes carné joven sale la entrada a 4.40 €, que está muy bien. Con el carné universitario también hacen descuento, pero solo si tienes menos de 26 :(


Saludos y besis.