martes, 28 de junio de 2016

La leyenda de Tarzán

Buenas y calurosas tardes. En estos días que corren entre sudores, granizados y cañitas bien frías, lo que más me apetece es ir al cine y pegarme allí dos horitas disfrutando del magnifico aire acondicionado que tienen puesto. Tenéis que probarlo, no querréis volver a salir al fuego del asfalto.

Fuera de bromas, y no tan bromas, ir al cine me parece una alternativa de ocio estupenda para quien nos toca chuparnos disfrutar de casi los dos meses de verano íntegros en este asadero esta maravilla de ciudad.

En esta ocasión os quiero hablar de La leyenda de Tarzán (David Yates, 2016). Nos situamos en el contexto de un Tarzán aburguesado (Alexander Skarsgard) en la Inglaterra del XIX. Ha dejado atrás su vida entre lianas y ha tomado posesión de los títulos nobiliarios que le correspondían por dinastía a la vez que ha entrado en el mundo de la política de lleno. De pronto le llega una oferta desde el gobierno belga para que regrese al Congo como embajador, pero no está muy seguro de querer aceptarla, hasta que se ve presionado por un antiesclavista (Samuel L. Jackson) que le pide ayuda para tratar el problema de la explotación de diamantes que se está viviendo allí. A pesar de no querer ir, gracias a la insistencia de su mujer Jane (Margot Robbie), plasmada en la película como valiente y aventurera, accede a regresar a la jungla. La invitación diplomática no es más que una argucia del capitán belga Leon Rom (Cristoph Waltz) para hacerse con los diamantes indígenas.

Cuando llegan a África empieza el festival de efectos especiales. Unos leones que son presentados como sus hermanos le reciben ronroneándole en la cara, no hay escena más tierna en toda la película. Después empieza la acción, su familia selvática está en grave peligro a causa de las atrocidades coloniales; y Jane es raptada por los colonos para conducir a Tarzán a donde ellos necesitan que esté.

La actuación del protagonista peca de hierática, demasiado monótono para el papel que está realizando (otro que encarnaría a la perfección a Batman). Jane mucho mejor, más expresiva y diligente, le da un poco de vidilla al film. Samuel L. Jackson pocas veces defrauda, y por suerte en este caso no lo hace; y Cristoph Waltz ahí está, sin hacer tampoco algo reseñable. El guion parece excesivamente rebuscado, con ansia de ser perfecto, restando naturalidad a los diálogos, y lo que sucede es que llega a ser algo pomposo en ciertos aspectos y momentos.

Lo mejor sin duda son los efectos especiales que te hacen adentrarte en la selva de lleno, viviendo la espectacularidad de la aventura. Lo peor, el estatismo del héroe, que a pesar de intentar aparentar humanidad, se queda escaso en recursos.

Te recomiendo la película si te gusta sentirte como un niño con la aparición de animales salvajes constantemente, y entusiasmarte con la ternura que le proporcionan a la cinta. En mi caso es así, y pese a las malas críticas que se pueden leer acerca de la película, yo salí totalmente fascinada del cine.


No paséis mucho calor, id al cine y sobre todo sed felices.


Intemperie


Hoy traigo un plato fuerte, de esos que te pesan en el estómago durante días, pero en este caso para bien. Se trata de la primera novela del extremeño Jesús Carrasco, Intemperie, que recibió el premio Libro del Año 2013 otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.

El relato es crudo donde los haya. Según el jurado del premio mencionado la historia «adentra al lector, con un estilo sin concesiones, en un universo rural ‒claro protagonista de la historia‒ de tremenda dureza y violencia ancestral en la que los personajes se mueven, rodeados de sequía y miseria, en un tiempo y espacio indefinidos, pero en el que valores universales como la amistad, la solidaridad y la compasión prevalecen».

La historia se vive a través de la impotencia de un niño que ve abocado su futuro a la malignidad de los hombres que le rodean y decide escaparse de su familia y de su pueblo. La sequía azota terriblemente al llano de donde viene y que no parece tener final. En su huida de la brutalidad social se encuentra con un cabrero, que sin pedirle explicación lo acoge en su austera vida a la intemperie. Los dos, acompañados de sus animales, tienen que hacer frente a la partida, encabezada por un siniestro alguacil, que busca al niño en medio de la llanura infinita y abrasadora. La vida de ambos no volverá a ser nunca como la habían conocido, van a ver la barbarie más de cerca que nunca e incluso se van a ver participes de ella.

Los espacios y tiempos no están definidos, tampoco son ofrecidos nombres propios. El autor juega con arquetipos: el niño, el padre, la madre, el alguacil, el cura, el pastor; todos ellos caracterizados por la rabia de la tierra seca y por la ausencia del equilibrio social. A pesar de la falta de información, el aura que crea el autor es plena, la historia está sustentada sobre bases universales que transmiten armonía en el conjunto y que hacen olvidar la necesidad de precisión. Los sucesos y sentimientos son plasmados de una manera tan cruda que desgarran al lector. La naturaleza árida se presenta casi como un personaje más que interviene en los sinos de los protagonistas.

La prosa es impecable; aproximadamente hasta la mitad del libro la aparición de diálogos es casi imperceptible, y aún con el abundante uso descriptivo, Jesús Carrasco consigue una tremenda agilidad. Los términos que aparecen son infinitos en cuanto al lenguaje del campo, términos ya prácticamente olvidados que nos trasladan a lugares casi ancestrales, consiguiendo una atmósfera muy concreta. La narración sugiere constantemente, no ves venir lo qué va a suceder, (poco menos que pasas las páginas con un pelín de miedo) para finalmente recaer en los valores de la solidaridad y la supervivencia.

Te recomiendo la novela si te gusta pasarlo mal cuando estás leyendo, o si quieres estar al tanto de lo que estudiarán tus nietos en el instituto.

Sed felices y muchos besis.

viernes, 17 de junio de 2016

Nuestros amantes


Hoy me paso por aquí para hablar un poco del reciente estreno de la última película del zaragozano Miguel Ángel Lamata (Tensión sexual no resuelta, Isi & Disi, alto voltaje). La crítica no la pintaba muy bien, pero el hecho de que estuviera rodada aquí, en Zaragoza, me hizo decidirme a verla.
Carlos, a sus cuarenta años (Eduardo Noriega, Tesis, Los miércoles no existen), es un frustrado guionista que lleva una vida vacía a pesar de estar casado y tener una hija. Le sorprende un día la irrupción en su vida de Irene, (Michelle Jenner, Juelieta, Tenemos que hablar) una filóloga treintañera, sin trabajo o que trabaja en lo que puede, que le va a devolver las ganas de vivir.

Los dos tienen relaciones a sus espaldas que no han acabado de superar, Carlos sigue atrapado en su matrimonio a pesar de conocer que su mujer (Amaia Salamanca) le está siendo infiel, e Irene, por su parte sigue colgada de su ex (Gabino Diego) un pretencioso poeta que la ha dejado en la estacada por segunda vez.

Los diálogos se hacen algo cansinos anodinos por parte de un encorsetado Noriega, que me ha sorprendido para mal en este largo; si no fuera por la naturalidad de Michelle Jenner, que con la mirada y su sonrisa aporta mucha espontaneidad, la película no se sostendría. De los secundarios, Gabino Diego (¡con todo lo que me gusta a mi este actor!) tampoco hace una interpretación para tirar cohetes; Fele Martinez, que interpreta al socio de Carlos, también guionista, aporta algo de gracia con alguna que otra locura en el guión. La mejor Amaia Salamanca, que se presenta muy natural a pesar de su escasa aparición.

Entonces, ¿qué tiene de especial la película? Zaragoza. Está prácticamente rodada en nuestra ciudad y, sinceramente, sale preciosa. Podemos observar escenarios como la Plaza España, Las Armas, el Parque Grande José Antonio Labordeta, el Coso y la cafetería La Bendita, la calle Alfonso...

Merece la pena ir a verla para ver tan bonita la ciudad, para ver algún que otro diálogo sobre literatura que merece la pena, para disfrutar de Michelle y porque el film te va a sacar alguna que otra sonrisa y bastante ternura. Vas a pasar un rato entretenido.

Por cierto, ¡aviso a navegantes!, en Palafox y Aragonia si tienes carné joven sale la entrada a 4.40 €, que está muy bien. Con el carné universitario también hacen descuento, pero solo si tienes menos de 26 :(


Saludos y besis.